ECO - Dinámicas regionales al 3T23
Los datos al 3T23 confirman a nivel regional algo que ya se manifestaba a nivel nacional: la economía peruana crece cada vez a menor ritmo. Esto no solo ha pasado en 14 de las 24 regiones del país, sino que ha ocurrido en las más grandes: Lima, Arequipa, La Libertad, Piura... Mientras tanto, en casi todas las otras regiones, no hay un patrón claro, con excepción de lo que se ha visto en Moquegua, donde ocurre lo contrario que en la mayoría de casos pues su ritmo de crecimiento, gracias a la Minería, ha aumentado en los últimos años. Así, de estar prácticamente estancada (cayó a un ritmo promedio de 0,1% en los 5 años móviles terminados al 3T08, y pasó a crecer 0,8% en los 5 siguientes), se ha expandido en promedio 8,4% anual en los 5 años más recientes.
Dicho eso, en los últimos 15 años, las regiones del país han tenido comportamientos marcadamente disímiles. Así, mientras en ese período la economía de Apurimac se ha multiplicado por 3,7 y la de Ica lo ha hecho por 2,1, otras más bien se han contraído en dicho lapso, como Pasco, que lo ha hecho en 0,2%, y Madre de Dios, que ha caído a un ritmo acumulado de 5%.
Este último caso es dramático, pues el grueso de la caída se ha concentrado en los últimos 5 años, período en el cual la producción de la región ha caído 21,8% (!). Es decir, un ritmo promedio de -4,8% al año. ¿Qué ha explicado una caída tan acentuada en tan poco tiempo? Hay dos sectores que la lideran: Minería (sobre todo la formal, porque la informal -e ilegal- ha seguido campeando) y Alojamiento y restaurantes (tras la pandemia, los conflictos sociales de hace un año golpearon aún más a una actividad debilitada). Y a ellos hay que sumarles Construcción, que no ha caído “tanto”, pero acumula una contracción de 14% en los últimos 5 años.
Hay otras regiones que aunque en un horizonte quinquenal muestran hasta cierto punto mejores resultados, más bien han caído recientemente y de manera acentuada, como Puno (cuya producción anualizada al 3T23 ha caído en promedio 6,5% frente a la de los cuatro trimestres anteriores) y Lambayeque (-4,6%). En el caso de Puno, el resultado se ha debido a una campaña agrícola desastrosa (la producción agropecuaria cayó 33,6% en el 2T23, que además estacionalmente es el período en el que se concentra la producción, con lo que en los primeros tres trimestres del año acumula una contracción de 26,5%), aunque también ha habido fuertes golpes en sectores vinculados no a la oferta sino a la demanda, como Telecomunicaciones, que acumula en el año una contracción de 7,9%, y Construcción, que produce 19% menos que en los primeros tres trimestres del año pasado. En este caso, ocurre que Puno fue el centro de las protestas tras el cambio abrupto de gobierno y que las nuevas autoridades regionales demoraron el inicio (o el reinicio) de obras, lo que acentuó el efecto negativo en un contexto de mayor incertidumbre y deterioro de expectativas sobre la economía de la región. Por su parte, en Lambayeque si bien se ha generado una caída de 47,8% en la producción agropecuaria en el 3T23, sectores como Construcción y Telecomunicaciones han tenido un continuo desempeño a la baja; de hecho, la mayor contribución negativa a la producción en lo que va del año proviene de Construcción y no del sector Agropecuario (lo cual además es preocupante en vista de un probable desarrollo de un Niño con intensidad superior a la habitual).
Y un caso interesante es Piura: si bien está creciendo 5,2% en lo que va de un año marcado por anomalías climáticas (y 4,8% en los últimos 4 trimestres), Construcción ha *caído* sostenidamente a lo largo de los últimos 4 trimestres. Entonces, no son las obras de prevención lo que dinamiza a la economía de Piura, sino más bien la mayor producción de combustibles tras la puesta en marcha de la nueva refinería de Talara. Llamativas ambas situaciones.
De esta manera, con lo visto al 3T23, solo entre 8 y 10 regiones crecerían este año, destacando Moquegua, Apurimac y Huánuco. Por su parte, entre las regiones principales, Lima y La Libertad decrecerían, mientras que Arequipa terminaría prácticamente estancada respecto al año previo. Veremos cómo resulta esta misma evaluación a fines del 2024.
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