ECO - De la nada a la nada
Ese día escuché el discurso de Pedro Castillo por una completa casualidad. En casa nunca escucho radio, los únicos momentos en que lo hago son mientras manejo. Pero ese día justo tenía una reunión con la profesora de mi hija para que me comentara sus avances en el año escolar. Encima, esa vez se me ocurrió poner noticias, no música. Y de pronto, anunciaron un Mensaje a la Nación del Presidente. Mientras conducía y escuchaba el discurso, se me hacía cada vez más evidente hacia donde iba (aclaro: no yo, sino Castillo). Y así fue: llegó el "disolver", eco de un discurso similar realizado 30 años antes por el presidente al que muchos critican pero también replican.
Llegué al colegio y mi conversación con la profesora fue muy breve (menos mal que el año escolar de mi hija iba bien), pues se pasó la mayor parte escribiendo en su teléfono y haciendo algunas llamadas, ya que por precaución se había dispuesto la finalización temprana de las clases y estaba preparando el correspondiente aviso a los padres de familia.
De regreso, ya con todos en casa, vimos como avanzaba la jornada. De ser disuelto por Castillo, el Congreso dio el contragolpe (pocas veces aplica una palabra tan precisa) y vacó al Presidente. Las celebraciones excesivas de los congresistas hacían intuir lo que venía. Lo que los motivaba no era tanto sostener la legalidad, como sostener su propia presencia en el Legislativo. Al final, la vicepresidenta pasó a ser presidenta y su gobierno inicialmente previsto como de “transición”, salvo el surgimiento de escándalos políticos nunca del todo descartados en el Perú, llegaría al 2026.
En lo puramente económico, este año ha sido malo. A pesar de que el gobierno inicialmente lo negara, hemos caído en una recesión. Moderada, leve, pero recesión al fin y al cabo. Y a pesar de las guerras, no es que el panorama internacional no ayude. Caeremos alrededor de 0,6%. Agravante de esta situación es la baja dinámica del consumo privado, incluso en contracción en el tercer trimestre, ante un ingreso real que no se recupera tras el salto en la inflación los años previos, lo cual está más vinculado que el PBI al bienestar de las familias. Si la inflación está cediendo, no es por acciones del gobierno, sino del Banco Central (a no ser que la baja dinámica de la demanda interna haya sido consecuencia de un elaborado plan del gobierno para reducir la inflación). Y el déficit fiscal ha vuelto a crecer, no por un mayor gasto público destinado a estimular la demanda de los consumidores afectados, sino por la caída de los ingresos tributarios en medio del enfriamiento de la economía. Si se cumple la meta de este año (déficit de 2,4% del PBI; a octubre el resultado anualizado es -2,8% del PBI) es probable que se deba a artificios contables y no tanto a mejoras efectivas en la situación fiscal.
Es cierto que el deterioro no necesariamente se debe a las acciones de este gobierno, pues ya desde setiembre del año pasado la economía se estaba enfriando y, además de las protestas sociales de diciembre de 2022 y enero de este año, que ya condicionaban una situación adversa para 2023, se juntaron condiciones iniciales con las que tenía que lidiar (altas tasas de interés, que afectan al consumo y a la inversión, en un entorno de inflación por encima de la meta del BCR), eventos climáticos adversos (el llamado ciclón Yaku) y malos resultados de la gestión “anterior” (tardanza en la compra de fertilizantes para la campaña agrícola). Pero no supo aprovechar las expectativas favorables que logró despertar inicialmente. Sobre esto sí hay que reconocer la inoperancia del gobierno para poder generar condiciones atractivas para la inversión privada, lo que se manifiesta en el deterioro de las expectativas en un entorno además contaminado por el avance de la delincuencia y el crimen organizado. Y el Congreso es parte no sólo de esta inoperancia, sino también de los malos resultados (si el año pasado no hubiera habido retiros extraordinarios del sistema privado de pensiones, el consumo no estaría cayendo este año).
En resumen, el balance de lo pasado en este año no puede ser positivo. Después de todo, el nuevo gobierno es encabezado por la vicepresidenta anterior y era improbable esperar un cambio de 180 grados respecto a lo que venía haciendo el de Castillo. Que era malo, pero no tan malo como se temía. De hecho, aunque buscaba la grandilocuencia (¿qué fue sino anunciar la segunda reforma agraria?), en la práctica era un gobierno anodino. O "Seinfeld": acerca de nada (y encima, sin George Costanza). Como diría una poco recordada canción peruana de los años 80 (pensaba poner el enlace aquí, pero ahora que la he vuelto a oír, mejor no), hemos pasado "de la nada a la nada".
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