POL - La palabra es Milei

Aunque puede despertar entusiasmo alejarse de la política intervencionista y altamente dependiente del gasto público que en general ha caracterizado a gran parte de los gobiernos argentinos, incluyendo el del saliente Alberto Fernández (y de la que difícilmente el candidato oficialista Sergio Massa iba a poder, o siquiera intentar, desmarcarse), considero difícil que Javier Milei logre concretar una buena gestión como Presidente de la Nación Argentina por varias razones.

La primera es que no todo depende de él, quien para llegar a la presidencia ha roto puentes con varios sectores. Y parte de esos sectores (no solo políticos), conoce muy bien cómo manejar las cosas de manera clientelista. La “casta” que le dice.

La segunda, vinculada a la primera, es el escaso peso político que tendrá a priori La Libertad Avanza en el Congreso: la agrupación de Milei contaría con alrededor de 15% de los Diputados y con un 10% de los Senadores. Suena difícil avanzar en el camino de las reformas que permitan a Argentina retomar el rumbo del libre mercado a no ser que se llegue continuamente a consensos (los cuales en muchos casos significarían para el gobierno ceder algo a cambio) o se siga una vía dictatorial (lo que de por sí ya sería una contradicción: te impongo el libre mercado). Y eso sin considerar cuál es el tipo de reformas que Milei priorizaría.

La tercera es un punto de partida muy complicado desde lo económico: con una inflación que a octubre supera el 140% (y que en los últimos meses ya es mayor a la de Venezuela) y una economía en contracción (con los datos del Estimador mensual de actividad económica -EMAE- a agosto, la economía acumula una caída de 1,1% frente al 2022), la terapia de shock es previsible. Las dudas más bien vienen sobre cuándo será y qué forma tomará. Al respecto, consideremos que la propuesta más radical de Milei es dolarizar la economía argentina. Si bien hay antecedentes de dolarización en la región, como Ecuador o El Salvador, realizada en ambos casos hace poco menos de 25 años, ninguno se ha dado en un país tan grande y con tal alto nivel de PBI per-cápita como Argentina (puede sonar extraño que a pesar de todos sus errores de política económica a lo largo de varios años, o décadas, el producto por habitante en Argentina sea uno de los mayores de América Latina, pero ello más bien ilustra lo elevado que era hacia inicios del Siglo XX). Y para que ello ocurra, primero debería darse una devaluación del peso, lo que implicaría un salto en los precios adicional a los que ya se han registrado, lo que no sería popular y podría ser orientado políticamente por sus adversarios. Pero, por otro lado, la evolución del comercio no puede desligarse de lo que ocurra en Brasil, no solo otra economía muy cerrada, sino con un gobierno con el que las antipatías de Milei van de ida y de vuelta.

Y la cuarta, que planteo como un alto riesgo asumido por el votante argentino, es una personalidad que ha demostrado ser poco tolerante cuando no hay nadie que lo comprenda. Y no hablo del General Ancap.

Pero una cosa es la campaña y otra es el gobierno. Tal vez Milei construyó un personaje para ganar, pero sea él mismo, diferente, para gobernar. Esperemos a ver quiénes lo acompañarán en su gestión, cuáles serán sus primeros gestos políticos (ya dijo que "todo lo que pueda estar en las manos del sector privado, va a estar en las manos del sector privado" y la primera empresa en esa fila sería YPF) y, sobre todo, por el bien de Argentina, que note que no tiene un trono y no haga siempre lo que quiera.

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